¿Que dónde os encontráis? Esto es una barbería, claro. Recortad el cupón de la derecha y os ahorraréis un par de pavos en un servicio completo de afeitado a la navaja (las toallitas al vapor no se hallan incluidas en la oferta). Estamos en Soho Online, en el 696 de la avenida Pixel, esquina Peer to Peer. Nuestra especialidad es "cut & paste". Hoy tenemos noticias.
Después de diez o doce años repartiendo compasión y latigazos por siete u ocho sitios web, hemos decidido centralizar nuestros servicios en un único local: el que tenéis frente a vosotros. Sería un placer contar con vuestras barbas, chismes, sugerencias y "demás puñetas estilo David Copperfield". El "santo y seña" de esta timba virtual es "cuéntame algo que no sepa". Cantádselo al gorila que hallaréis en el umbral y seréis bien recibidos. Si, por algún motivo, extraviáis el "password", podéis probar con esto: "Quince hombres sobre el cofre del muerto. Yo-ho-ho. Y una botella de Stumbras".
Si al final lográis entrar descubriréis que esto es un cajón de sastre, tan extravagante y subyugante como el mundo. Ojalá nadie salga trasquilado. De momento, os avanzamos que Ferran Barber es escritor; que cree haberse ganado el derecho a decirse periodista y que le gustaría llevaros a algún sitio donde no hayáis estado antes. Dios dirá si lo consigue. Después de todo, muchos son los llamados a poner el mundo por escrito y pocos los elegidos. Lo mejor y lo peor de esta red que hemos tejido para mayor gloria de los primates (vulgo "Internet") es que hablar es casi gratis. En fin, la vita e' bella malgrado tutto, malgrado tutti. Y nosotros todavía nos sentimos fuertes para robar consejos. Los que siguen son de Josep Pla.
“Si algún día las necesidades te llevan a vivir en España, nunca te mezcles con el ambiente de campanario, deprimente y bajo de techo, desprovisto de generosidad, poblado de maniáticos, indiferente e insensible. No vayas al café. No frecuentes tertulias estúpidas alimentadas con chismorreos pornográficos e insignificantes anécdotas políticas. Si lo haces, quedarás asfixiado por el ambiente. Todo lo verás a través de esa atmósfera infinitamente pequeña. Y cuando la conciencia de la propia pequeñez infla desmesuradamente el fermento de la envidia, te sientes como vaciado por dentro; las ilusiones se desvanecen; se pierde el sentido del humor y el de la paciencia".